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Hogar Santa Teresita de Pomallucay

Desde 1998, Erika vive en San Luis como voluntaria, buscando apoyar a los más vulnerables de las comunidades más abandonadas de la sierra: niños desnutridos, enfermos terminales, enfermos crónicos abandonados, personas con enfermedades mentales y madres solteras en dificultad. La conmoción ante tanta necesidad la llevó a imaginar y crear un hogar destinado principalmente a los ancianos abandonados, para acompañarlos en sus últimos años de vida y no dejarlos solos en sus casitas de barro en la puna.

Con el apoyo de muchos bienhechores y también de Cáritas de Milán, se logró hacer realidad este proyecto, inaugurado en 2001 por el cardenal Carlo Maria Martini.

A la casa llegan ancianos que no tienen familia, que están completamente solos y no son autosuficientes. A los demás se procura apoyarlos en sus propios hogares mediante visitas a domicilio realizadas por catequistas y oratorianos de las distintas parroquias. Es el hospital de Chacas el que señala a las personas que necesitan ser acogidas en la casa por problemas de salud graves.

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Paralelamente, se brinda apoyo puntual a madres solteras, niños con discapacidad y adultos con trastornos psiquiátricos, a través de medicinas, víveres y asistencia desde el tópico de la casa o mediante visitas domiciliarias. En algunos casos, también se les acoge por un breve tiempo para que aprendan a seguir su tratamiento o a cuidar de sus hijos.​

El sueño es poder ayudar a más personas e inspirar en los catequistas y auxiliares ese deseo de entrega y de compasión ante los más necesitados y abandonados de nuestras comunidades.

​Erika, con su entrega, también colabora en la formación de las jóvenes, acompañándolas a descubrir su vocación de servicio hacia los pobres y los enfermos.

Es una obra inmensa y sin fin: ver cómo tratan a los viejitos es algo que verdaderamente toca el corazón.

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